
A través de un ventanuco enrejado que había en su celda un preso gustaba de mirar al exterior. Todos los días se asomaba y, cada vez que veía pasar a alguien al otro lado de las rejas, estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Y un día le preguntó: - Oye, ¿a qué vienen todas esas risotadas día tras día? El preso contestó: ¿De qué me río? ¡Pero estás ciego! Me río de todos esos que hay ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?
Somos prisioneros de las modas? del consumismo? de las propias normas y creencias ?? del temor? incluso del amor y del deseo? Realmente, si nos paramos a pensar, no solo es prisionero aquel que está tras las rejas, el resto de humanos lo somos en cierta forma y no es fácil admitirlo o reconocerlo.
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